Entrevista

Roberto García Moritán, presidente de la Conferencia Diplomática sobre el TCA

Eugènia Riera
Instituto Catalán Internacional para la Paz
Roberto García Moritán

Roberto García Moritán

Con casi 40 años de carrera profesional, centrada en temas de seguridad internacional y de desarme, el embajador argentino Roberto García Moritán tiene ahora el privilegio de dirigir las reuniones del Tratado Mundial de Comercio de Armas (TCA) y presidir la Conferencia final del próximo mes de julio. Con él hablamos de los beneficios que supondrá el TCA y de las dificultades que han marcado el largo proceso para su aprobación.

De usted se ha dicho que es una persona de consenso, de hábil conducción, con mucha experiencia en diplomacia. ¿Este perfil ha facilitado las negociaciones del TCA? ¿Se siente satisfecho del trabajo realizado hasta ahora?
El proceso del TCA se inicia en el 2005 y desde el primer momento, como uno de los responsables de la iniciativa, asumí la conducción de las distintas etapas evolutivas. La primera, en un Grupo de Expertos de Naciones Unidas. Después, en un órgano subsidiario de la Asamblea General y, finalmente, en el Comité Preparatorio para la Conferencia Diplomática para negociar el Tratado. Ha sido un camino largo e intenso, y el resultado ha sido exitoso por cuanto ha permitido que todos los Estados entiendan lo qué significaría un TCA.

Y también ha sido un éxito si se tiene en cuenta la asimetría de percepciones sobre temas de seguridad internacional que existe en Naciones Unidas, porque se ha llegado a la convocatoria de julio, donde los 193 miembros se encuentran dispuestos a negociar, algo que no ha ocurrido de manera similar en otros órganos como la Conferencia de Desarme. Consecuentemente, me siento satisfecho al ver la voluntad política de todos en avanzar en una negociación seria y compleja.

Uno de los puntos que aún hay que negociar es cómo debe ser el consenso entorno al Tratado. Se contemplan varias opciones: que el texto se apruebe por amplia mayoría o que los estados puedan tener derecho a veto. ¿El consenso puede ser un obstáculo?
El hecho que la adopción del Tratado deba ser por consenso es, sin dudas, un desafío. Sin embargo, no es un impedimento. De hecho, la experiencia del Tratado sobre Armas Químicas o el de Prohibición de Ensayos de Armas Nucleares ponen en evidencia que el consenso no es un inconveniente cuando existe voluntad política.

En el caso del TCA, a pesar de las lógicas diferencias de fondo que fueron manifestadas durante el debate en el Comité Preparatorio, se ha mantenido siempre el factor de la voluntad política. Sobre esta base, soy optimista en el proceso de negociación y no creo que la regla del consenso sea una dificultad si somos capaces de acordar y negociar los puntos sustantivos de fondo de manera seria y responsable. Cuando hay voluntad siempre hay una forma gramatical para encontrar el equilibrio aun en una disposición jurídica.

Supongamos que sobre un punto concreto del tratado hay acuerdo casi unánime, con la única oposición de uno o dos estados. ¿Esto se podría considerar consenso?
Consenso y unanimidad no son la misma cosa. Sin embargo, en Naciones Unidas existe una tendencia a utilizar ambos términos como sinónimos. Por eso, para determinar el grado de consenso deberíamos ver además otros factores sobre los cuales estos Estados se oponen. Recientemente, en una reunión multilateral sobre un tema ambiental la oposición de un Estado fue considerada como consenso.

Naturalmente es siempre más fácil y cómodo negociar algo que se somete a votación, pero de nada serviría un Tratado que no logre adhesión universal. El voto suele ser, en muchos casos, una dificultad para lograr ese objetivo. En mi opinión un TCA efectivo requiere que sea universal y el consenso puede ayudar en ese propósito.

¿Conseguir un grande consenso puede llevar a un texto menos ambicioso?
Toda negociación presupone que los Estados ceden en sus ambiciones en aras de un objetivo común. En muchos casos, el análisis de los detalles específicos puede ser interpretado como una manifestación que reduce la fortaleza de lo que se pretende. Sin embargo, puede no ser el caso cuando se analiza en su conjunto. Lo que es evidente es que el consenso, como el propósito de la negociación en si misma, obliga a acomodar posiciones. El resultado final, en términos de fortaleza conceptual del instrumento, dependerá en última instancia de la habilidad de esa negociación diplomática a fin que no se pierda la esencia de lo que se persigue.

¿Cuáles son la líneas rojas que no se deberían traspasar para no deslegitimar la esencia del tratado?
En mi opinión esas líneas rojas son, en cuanto al alcance, que el TCA incluya las armas pequeñas y livianas, sus componentes y las municiones. No me imagino un tratado sin la inclusión de estas armas. En cuanto a los criterios o parámetros, no me imagino un tratado que no incluya de manera firme y categórica la cuestión de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario. Y, en referencia a los objetivos, debe tender a la regulación tanto del mercado legal como del ilícito.

Las organizaciones de la sociedad civil también defienden que el TCA regule las tecnologías necesarias para la fabricación de las armas, incluyendo las de doble uso. ¿Ve factible que los estados asuman esta cuestión?
Si el uso dual se refiere a las armas utilizadas para deportes y otras actividades recreativas, en mi juicio deberían ser incluidas en el Tratado y, quizás en materia de implementación, considerar algún criterio que las diferencie. Si el concepto de uso dual se refiere a tecnología, el tema ya adquiere otra dimensión y la experiencia podría indicar ciertas dificultades. Esto no significa que no se puedan encontrar formas de tratar el tema sorteando la preocupación de aquellos que estimen que podría afectar sus políticas de desarrollo.

¿Qué papel deben tener las ONG en el proceso? ¿Deberían poder asistir a todas las reuniones de trabajo junto a los estados?
Las ONG han sido un socio importante desde el inicio. Han apoyado y trabajado fuerte para que el Tratado pueda ser una realidad y la comunidad internacional debería estar agradecida por ese trabajo. En la Conferencia de julio estarán presentes y harán conocer sus puntos de vista. En mi opinión no habrá Tratado sin la sociedad civil.

¿La violencia en Siria, con casi ya 10.000 muertos según Naciones Unidas, demuestra que el TCA es imprescindible? ¿El Tratado hubiera evitado las transferencias de armas a Siria?
La violencia en el mundo demuestra que un TCA es necesario aunque no sea una panacea. Lamentablemente existen muchos ejemplos de conflictos y violencia indiscriminada, unos más urgentes que otros. Cada caso pone en evidencia que, de haber existido un instrumento que regule el comercio de armas, la adquisición de armamento que se dispone para ejercer la violencia no sería un trámite tan sencillo. Los derechos humanos no serían violados sistemáticamente y se reduciría el sufrimiento humano. Y lo mismo se puede decir respecto al crimen organizado y el terrorismo. El TCA evitará, a través de un mecanismo de control similar en todos los estados, que esos grupos criminales tengan un fácil acceso a las armas y hará que que haya una cooperación internacional intensa para que eso no ocurra.

¿Qué otros beneficios supondrá el Tratado?
Además de establecer un mayor cerco al crimen organizado y al terrorismo, contribuirá a la transparencia y a la confianza entre los países y también puede tener efecto en el campo humanitario. No será la panacea pero estoy convencido que es un buen paso en la dirección correcta.