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Los nuevos rostros de la noviolencia: de las revueltas del hambre a las revoluciones blancas. Gandhi o La Boétie

Rafael Grasa
Presidente del ICIP 1
Rafael Grasa

Rafael Grasa

Vivimos tiempos convulsos y al mismo tiempo esperanzadores: lo que en otras circunstancias eran simples "revueltas del hambre" se han convertido en movimientos sociales articulados de forma casi espontánea (o, al menos, en gran parte al margen de los partidos políticos básicos) que ocupan las calles mediante convocatorias en las redes sociales, a través de los móviles y de los ordenadores. Hemos visto en Argelia, Túnez, Egipto, Yemen, cómo estos movimientos se han articulado en torno a reivindicaciones sobre necesidades básicas, entre las cuales ha ocupado un papel importante la demanda de democracia, reclamando un cambio de régimen y de líderes políticos, y también acabar con la corrupción. El fenómeno, además, se ha seguido masivamente por televisión y, naturalmente, a través de las redes sociales de todo el mundo. Se ha hablado ya de "efecto facebook", que habría ayudado a hacer realidad una de las cosas que la estrategia de lucha noviolenta busca siempre con el efecto pedagógico y ejemplar de sus acciones: remover conciencias, lograr la participación de más personas en la acción, provocar un efecto de "bola de nieve" dentro y fuera del país, en este caso, en el mundo árabe.

El resultado ha sido hasta ahora, a mediados de febrero, la caída de dos dictadores, Ben Alí en Túnez y Mubarak en Egipto. Además, el efecto contagio tendrá a buen seguro consecuencias en muchos otros países, en particular en el entorno árabe: como decía Raimon, quien ha conocido la libertad tiene más fuerzas para vivir. ¡Y para luchar!

El fenómeno, que ha coincidido con este número de Por la Paz dedicado justamente a la lucha noviolenta, merece, además de la satisfacción por su impacto y la felicitación a sus protagonistas, tres tipos de reflexiones apremiadas, todavía poco fundamentadas, demasiado ligadas a los hechos y a las emociones.

Primero, las causas de los movimientos, así como los objetivos y las tácticas e instrumentos utilizados, tendrán que ser analizadas con detenimiento, con perspectiva comparada y caso por caso. El hecho básico es que hemos pasado de revueltas del hambre a las denominadas "revoluciones blancas", donde la violencia de las primeras ?espontánea, a veces alta, y siempre de corta duración? ha sido sustituida por acciones noviolentas. Una vez más, convendría distinguir entre analizar y comparar causas estructurales (sociales, políticas, económicas), aceleradores y desencadenantes, discriminando factores sociales, económicos y políticos. ¡¡Lo dejamos para más adelante!!

Segundo, habrá que prestar atención a las consecuencias e impactos reales, más allá del momento y del titular periodístico, en el ámbito de cada país, del mundo árabe, de las relaciones internacionales y de las políticas exteriores en el norte (en particular, en la Unión Europea y los Estados Unidos), pero también en otros niveles. Muchas cosas pueden cambiar, en particular en la evolución del Islam político, del conflicto palestino-israelí, o, incluso, de las políticas de desarrollo, paz y derechos humanos. Sin embargo, hay que evitar conclusiones genéricas y, sobre todo, precipitadas: la política internacional tiene una fuerte tendencia lampedusiana a introducir cambios para que todo continúe igual.

Tercero, hay que prestar una particular atención al nuevo uso, combinado con las tecnologías de la comunicación, de las tácticas y estrategias de la noviolencia. Un gran número de personas, de Obama a muchos otros analistas políticos, ha invocado estos días a Gandhi para aludir a los casos de Túnez y Egipto. Ya hace años que diversos autores han mostrado la pertinencia de la noviolencia, despojada de convicciones religiosas, para la nueva era política.

Sin embargo, hay que recordar que una movilización puede ser no violenta y no necesariamente "noviolenta", aunque se utilicen instrumentos y tácticas derivados de siglos de lucha noviolenta. Conviene, pues, recordar qué quiere decir, en el sentido fuerte de la palabra, noviolencia.

Como decía Gonzalo Arias, un excelente ejemplo de activista y de teórico, la violencia que el noviolento rechaza, de forma unilateral e incondicional, es la suya propia, para hacer que el rechazo a los métodos homicidas "pueda romper el aburrido círculo vicioso de violencia y de contraviolencia que es, en gran parte, la historia de la humanidad".2

A partir de esta premisa, Gonzalo construyó una argumentación sobre lo que significa renunciar a la violencia y optar por la noviolencia, en clave ético-política y no religiosa y orientada a la acción. Primero, limitaba el rechazo a la violencia, circunscribía la renuncia total a la violencia directa dirigida a matar o atentar contra la integridad física de las personas, lo que permite utilizar la coerción moral en la lucha noviolenta. Segundo, planteaba que la renuncia tenía que ser total, al menos personalmente, sin aceptar que en ciertos casos extremos se puede recurrir a la violencia. Tercero, había que alejarse de los que consideraban que se podía aceptar un uso quirúrgico de la violencia al final del proceso, para rematar de una vez el trabajo hecho hasta entonces. Y cuarto, proponía basar toda la estrategia noviolenta a partir de dos a priori, la declaración inequívoca y sin excepciones ?ya mencionada? en favor de la noviolencia y la convicción, convertida en principio rector, de que siempre y en cualquier circunstancia resulta posible encontrar un camino noviolento, por complicado que pueda parecer en ocasiones.

Dicho de otro modo, la reflexión de los grandes practicantes de la noviolencia implica una opción estratégica y no táctica en contra de la violencia y en favor de la lucha noviolenta en la acción política. El noviolento se caracteriza, pues, por partir de un doble compromiso personal al planificar su actuación en la esfera política; no hay excepciones en la renuncia a utilizar violencia y es posible encontrar siempre caminos y alternativas para luchar noviolentamente contra la injusticia y en favor de la paz. En otras palabras, la opción por la noviolencia parte de principios éticos y políticos, no necesariamente religiosos, que permiten hacer política y ejercer influencia en la elaboración de políticas públicas de forma diferente. En el alegato en que justificó las razones de haber llamado a la no cooperación, Gandhi se basaba en el swaraj, que implica aceptar que la "no cooperación con el mal es un deber tan importante como lo es la cooperación con el bien (...); teniendo en cuenta que el mal sólo se mantiene mediante la violencia, el rechazo a sostener el mal implica privarse totalmente de practicar la violencia". Y para hacerlo de manera real y eficaz son necesarias otras formas de hacer y de implementar políticas para asegurar la dignidad y el bienestar de todos los seres humanos y de las generaciones futuras.

¿Es eso lo que hemos visto en Túnez y Egipto? No estoy completamente seguro. No creo que los principios de Gonzalo Arias antes mencionados estuvieran siempre presentes, al menos en las intenciones y el "diseño" inicial de las acciones. Sin embargo, eso importa bien poco. En mi opinión, tanto o más que la actualidad de Gandhi en las "revueltas blancas" hemos visto la actualidad del pensamiento de Étienne de la Boétie y su discurso sobre la servidumbre voluntaria: ni siquiera el régimen más despótico del mundo, nos dijo ya en el siglo XVI, se puede sostener sin el consentimiento de los gobernados, que, a menudo, el déspota, obtiene por la fuerza, la coerción y, sobre todo, el miedo y la costumbre. Una vez se pierde el miedo y se retira el consentimiento, una vez se abandona la dialéctica de dominación/ sumisión/servidumbre por parte de sectores importantes de una población, ninguna dictadura o despotismo puede continuar por mucho más tiempo.

Con sus propias palabras, bien actuales: "Decidíos, pues, a dejar de servir y seréis personas libres. No pretendo en absoluto que os enfrentéis al tirano, o que le hagáis tambalearse; es suficiente, simplemente, con que dejéis de darle apoyo. Entonces veréis que, como si fuera un gigante privado de la base que lo sostiene, se desplomará y se despedazará él solo". Eso es lo que han hecho, de forma no violenta y con tácticas noviolentas, las revoluciones blancas.


1. El texto recoge las ideas y, parcialmente, un texto reciente del autor incluido como prólogo al libro de David Cortright, Gandhi avui. Noviolència per a una nova era política (Gandhi and Beyond. Nonviolence for in New Political Age), Barcelona, Pagès Editors/ICIP, 2011, que inaugura la colección Noviolència i lluita per la Pau del Instituto. (Volver)
2. La noviolencia, ¿tentación o reto?, edición del autor, pág. 146.. (Volver)